En Pie de Paz
Por Silvia Patricia López González
Dicha frase corresponde al título del libro considerado best seller escrito en el 2011 por el psicólogo canadiense Steven Pinker profesor de la Universidad de Harvard, cuya tesis sostiene que hoy en día hay menos violencia en el mundo que en toda la historia, distingue seis etapas que han permitido llegar a donde nos encontramos:
– La transición entre la anarquía de cazadores a las primeras sociedades agrícolas;
– El proceso de civilización cuando los señores feudales dan paso a los Estados centralizados con una estructura judicial y comercial;
– El movimiento de la ilustración en donde se da la abolición de la esclavitud, la tortura y castigos desproporcionados en el sistema judicial;
– Tras la segunda guerra mundial, se inicia una alarga paz ya que los estados más avanzados dejaron de declararse la guerra;
-Tras el final de la Guerra Fría de 1989 los gobiernos autocráticos y ataques terroristas ha disminuido en todo el mundo, y finalmente,
– A partir de los años cincuenta con la adopción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos han surgido movimientos a favor de los derechos de mujeres, niños, homosexuales, animales.
Aunque el propio Pinker atribuye tal frase a la historiadora Lynn Avery Hunt, profesora de la Universidad de Califoria quien publicó en el 2007 Inventando los Derechos Humanos, obra que logra a partir del estudio de las grandes Declaraciones de Derechos de la humanidad, como lo son, la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, la Declaración de los Derechos del Hombre de Francia y la Declaración de los Derechos Humanos de la ONU demostrar que son las novelas y obras de arte las mayores promotoras de derechos humanos pues reflejan que en las relaciones humanas existe la empatia por el otro.
Tal introducción me sirve para postular la tesis de que el derecho a través de su propósito por establecer reglas y normas para optimizar la convivencia entre los seres humanos no puede ir más allá del status externo y formal del deber ser, por lo que lo único que realmente nos puede apartar de la violencia y el conflicto cotidiano es precisamente eso, los ángeles que llevamos dentro!.
Así entramos en el terreno de los valores, lo que significa que la empatía, la tolerancia, la justicia, la igualdad, el perdón, la compasión y la caridad deben ponerse en práctica en modo activo para crear la paz y evitar el conflicto, pero entonces, ¿depende tan solo del libre albeldrío de una persona que esté dispuesta a conseguir la paz? No, la paz se construye en colectividad con la suma de libertades en torno a alcanzarla, por lo que esos valores deben ser transferidos y asimilados en el grupo social.
Así lo reconoce Lev Vygotsky, psicólogo ruso quien pone el acento en el hecho de que como seres sociales nuestro desarrollo cognitivo se rige por las interacciones sociales, de tal manera que nuestras funciones mentales tales como la atención, sensación, percepción y memoria, con las que todos nacemos, son influenciadas por nuestro entorno social y cultural, esto significa que el círculo de personas con las que vivimos y crecemos influye determinantemente en el desarrollo de nuestra mente.
Los estudios realizados por Daniel Batson, psicólogo social estadounidense, profesor emérito de la Universidad de Tennessee sostienen que la empatía – altruismo es lo que detona en una persona la posibilidad de ayudar, independientemente de que pueda obtener algo de ello, y ese comportamiento altruista aumenta la felicidad.
En definitiva, vivimos en un mundo en donde la empatía y el altruismo se convierte en una necesidad. Pensar en el otro, ponerse en su lugar, ayudar a los demás resulta indispensable para alcanzar la paz, no es la violencia aprendida e institucionalizada la que debe prevalecer, hagamos el esfuerzo colectivo por reaprender a mirarnos. Las neurociencias han demostrado que todo entrenamiento trae consigo una reestructuración del cerebro, las nuevas costumbres lo transforman a través de la neuroplasticidad y también sabemos que la expresión de los genes se modifica a través de la epigenética.
Dejemos pues que esos ángeles que llevamos dentro se hagan notar, construyamos un mundo más humano y más feliz en el cual habitar, precisamente en esta época que se caracteriza por el impacto significativo de la actividad humana en el planeta.